La ausencia y disolución del ego heterocapitalista patriarcal II

“La iluminación no es algo que se pueda desear. Entonces, ¿qué hacer? Hay que comprender la propia personalidad, estrato a estrato. Olvídate de la iluminación; no tiene nada que ver contigo. Solo hay una cosa cierta: que no puedes recibir la iluminación. Empieza con lo que eres. Vete pelando tu personalidad, capa a capa, como quien pela una cebolla. Tira esas capas. Encontrarás más capas, pero llegará el momento en que desaparecerá la cebolla y solo quedará el vacío entre tus manos. Ese momento es el momento de la iluminación. No puedes desearla, porque el deseo añade otra capa a la cebolla, una capa mucho más peligrosa que las demás. Que la iluminación no sea un deseo, porque entonces no la alcanzarás. No puedes decir: «Yo he alcanzado la iluminación». Ese «yo» ya no existe; existe la iluminación. Recibir la iluminación, es un fenómeno de lo más normal. Cuando digo «normal» me refiero a que así debe ser. Si parece algo extraordinario es por ti, porque pones muchos obstáculos… y te encanta ponerlos. “

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